Carlo
Frabetti lucha contra sus demonios literarios y vitales
en 'El libro infierno'
MIGUEL MORA | Madrid
El
escritor italiano, afincado en España, reivindica
el optimismo y arremete contra el amor.
Carlo
Frabetti (Bolonia, 1945) es un afamado escritor de literatura
infantil y juvenil. El creador del enano Ulrico ha publicado
40 libros y muchos best-sellers. Vino a España
cuando tenía ocho años, y aquí
se hizo matemático y empezó a escribir.
'Primero era un matemático que escribía
por hobby, ahora es al revés'. Desde hace unos
años, también publica libros para adultos.
Ahora, El libro infierno (Alfaguara), un catártico
ajuste de cuentas con sus pasiones, demonios y odios
literarios, en el que azota a plagiarios, dogmáticos,
pesimistas, posmodernos y enamorados.
Catálogo
de obsesiones y contradicciones personales; compendio
de sus opiniones sobre lo humano, lo divino, lo literario
y lo matemático; resumen de una visión
psicoanalítica, crítica e ingeniosa del
mundo y la cultura de Occidente, El libro infierno ocupa
apenas 160 páginas en letra grande. Suficiente
para que Frabetti rinda homenaje y refute a sus 'tres
grandes influencias culturales: Dante, Borges y Walt
Disney' mientras recorre, como Alighieri, los nueve
círculos infernales de la Biblioteca Universal
junto al demonio, un bibliotecario amante de los acertijos
numéricos.
Carlo
Frabetti se define como 'un ratón de biblioteca
que ha tratado de no convertirse en ratón de
su propio cerebro dedicando demasiado tiempo a la literatura
y, sobre todo, a los números. He tratado de huir
del peligrosísimo ramalazo esquizofrénico
de las matemáticas, y de la negación de
la vida que supone creer, como Borges o Pessoa, que
el paraíso es una biblioteca. Ya no soy un ratón
en el sentido más grave, pero todo escritor tiende
a vivir demasiado metido en ese zulo'.
Los
nueve círculos
Quizá
como forma de terapia, el protagonista y narrador no
deja títere con cabeza durante su descenso a
los infiernos librescos. Empieza por el Noveno Círculo,
donde están los libros de 'los grandes traidores
de la literatura: editores, gestores culturales y albaceas
literarios'. En el Octavo arden 'los hipócritas,
los falsarios, los ladrones y los estafadores'. Básicamente,
los plagiarios, y entre ellos Frabetti cita a 'un par
de directores de la Biblioteca Nacional' ('de España',
aclara ahora, 'aunque podría seguramente trasplantarse
a otro lugar') y a Richmal Crompton, la célebre
autora de Guillermo, cuyo plagio a Booth Tarkington
queda probado.
En
el Séptimo habitan 'los violentos': Capitalismo
y libertad, de Milton Friedman; Mein Kampf, de Hitler;
el 'sadomasoquista' Hans Christian Andersen; su antecesor,
Perrault, y El principito, de Saint Exupéry.
'Es un libro venenoso, tóxico y suicida', declara
Frabetti.
El
Sexto Círculo está presidido por 'Camino,
de Josemari Escrivá'. Es el departamento de los
libros misóginos y represores, y Santa Teresa
acompaña al fundador del Opus Dei.
El
Quinto es el hogar de los dogmáticos, los iracundos
y los perezosos. Entre ellos, los representantes de
'la posmodernidad, el pensamiento débil, el relativismo
cultural y otras superficialidades'. Frabetti no da
nombres y salta al Cuarto, donde viven los pródigos
y los avaros. Ahí, el autor ataca a los coleccionistas
de arte y explica su teoría de la copia perfecta:
con los medios actuales se puede reproducir la Gioconda
y cualquier otra obra con absoluta exactitud.
En
la página 89, el diablo afirma: 'La verborragia
hueca o puramente repetitiva es el signo de la literatura
contemporánea'. Así llegamos al Tercer
Círculo, estante de los libros de cocina y de
todos aquellos que vulneran los derechos de los animales.
El autor de El vampiro vegetariano incluye en esa lista
a los taurófilos, los cazadores, los dueños
de mascotas que comen cordero sin inmutarse, los que
escriben por dinero y todos aquellos que intentan 'devorar
psicológicamente a los demás'.
La
lujuria
Eso
conduce al final, el Segundo Círculo, definido
por la lujuria, categoría amplia en la que Frabetti
incluye a los que basan su vida en el amor (también
a la patria), la posesión, los celos... 'Hace
30 años escribí ya un texto contra el
amor', explica. 'Nunca lo he podido terminar, seguramente
porque nadie puede escapar a esa forma de relación
personal, tan arraigada y sacralizada por nuestra cultura.
La tarea me desborda. Es fácil luchar contra
la religión, pero el amor es una forma de religión
mucho más sutil, más insidiosa. Te vende
una serie de mitos que acaban siendo parte irrenunciable
de nuestra estructura psíquica'.
Ese
texto ha llegado en forma de exabrupto literario hasta
las páginas de El libro infierno. Pero Frabetti
deja sitio al optimismo. 'El pesimismo está de
moda entre los escritores, la melancolía parece
muy elegante. Quizá deberían ver más
a los niños, que son bombas de vitalidad y nos
recuerdan que tenemos el imperativo moral de mejorar,
de buscar un futuro positivo, de luchar y superarnos'.
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